LENGUAJE, PENSAMIENTO Y REALIDAD. UNA REFLEXIÓN A PROPÓSITO DEL DÍA DEL IDIOMA

El día del idioma, más que para consagrar la memoria de determinados autores y figuras de la literatura, debería constituirse en una oportunidad para reflexionar sobre las implicaciones que tiene la palabra en la conformación de nuestra realidad y de nuestra visión de mundo.

Hay un hecho que la filosofía y las ciencias de lenguaje parecen constatar: la realidad que es percibida por el ser humano aparece mediada por el lenguaje. Es decir, el mundo que nos rodea es para nosotros una representación que de él hacemos a través del lenguaje y en esa medida la forma en que percibimos el mundo, percibimos al otro y nos percibimos a nosotros mismos está determinada por el lenguaje.

Bajo esta perspectiva, cabe preguntarse entonces si las expresiones y rasgos de uso de nuestro lenguaje son limitados, degradantes y reducidos, ¿no será asimismo la percepción de mundo y de realidad que construyamos? Si el ser mismo que hemos construido se expresa a través del lenguaje, ¿no estaremos manifestando una forma degradada moral, psicológica y social de ese ser en tanto que las expresiones que constituyen el acervo de nuestro vocabulario responden a una lógica simplona y degrada?

Es importante reiterar, pues, que más allá de recordar biografías, fechas de nacimiento o muerte de este o aquel autor, quienes estamos llamados directamente a la reflexión sobre el idioma somos nosotros mismos; nosotros que como usuarios de un idioma nos inscribimos en la lógica de un mundo social, cultural e histórico y en esa medida expresamos las lógicas de lo que somos. El idioma permite ubicar las coordinadas tempo-espaciales que constituyen nuestras maneras de pensar, y en ese sentido, el idioma debe ser el centro de una intensa, rigurosa y permanente reflexión,  porque al fin de cuentas la palabra crea mundo, y el mundo que creamos con ella podrá ser en una lógica de convivencia y de armonía o de caos y destrucción dependiendo del uso que del idioma hacemos. “Los límites de mi lenguaje, son los límites de mi mundo”, sentenció el filósofo Ludwig Wittgenstein,  para expresar que nuestra realidad depende directamente de las palabras que usamos para nombrar el mundo. Mundo que se expande o se reduce en la misma medida que se expande o reduce el uso que del idioma hacemos. Por: Docente Daniel Franco.

Figura 1. Lectura en espacios de la Institución Federico Sierra Arango

Figura 2. Acto Civico y Cultura Día del Idioma, sede B.

Figura 3. Actividades realizadas por estudiantes de primaria. Sede B

Figura 4. Actividad cultural desarrollada por estudiantes de Once.Sede A.